Convertirse en padres es una de las experiencias más maravillosas del mundo (para muchos), trae amor exponencial, ternura, te lleva a dar lo mejor de ti… pero también lo peor: es cansado, agotador y a veces frustrante. Lo que está claro es que la paternidad cambia, y no solo lo hace a nivel individual, también la relación de pareja.
El tiempo para las cenas románticas, para ver pelis juntitos en el sofá o para tener un ratito de intimidad, es ahora difícil de conseguir. Y claro, si no hacen cosas en pareja la relación se puede resentir, porque el amor no es algo eterno e incorruptible, algo que perdurará por los siglos de los siglos a pesar de que no lo cuidemos, no. El amor, las relaciones de pareja, necesitan tiempo y esfuerzo, así es como se mantienen sanas.