En los últimos años, el Ghosting se puso de moda: terminar de forma abrupta una relación sin hacerlo explícito cara a cara o a través de algún mensaje, sino simplemente “desapareciendo”. De esta manera, la persona que decide cortar el vínculo evita afrontar la instancia de la ruptura en persona y dar las explicaciones del caso. Deja de responder las llamadas y los mensajes y se ausenta, como si se hubiera convertido en un fantasma.
No es un fenómeno nuevo, por supuesto. Muchas personas lo han hecho a lo largo de distintas épocas. Tampoco es una cuestión exclusiva de las relaciones de pareja: también se habla de Ghosting cuando una persona deja de responder a otra que la considera su amiga, e incluso se aplica en los casos en que alguien se va de una fiesta sin despedirse de nadie y los demás se dan cuenta solo cuando lo buscan y ya no lo pueden encontrar.