El ingreso a la universidad es un momento de gran satisfacción y orgullo, ya que se alcanza una meta que pocos logran, pero también muchos se quedan en el camino. Constituye el inicio de un periodo crítico de adaptación que plantea diversos retos, entre ellos, convivir con una gran cantidad de compañeros que provienen de muy diversos marcos socioeconómicos y culturales, que realizaron sus estudios previos en distintas escuelas con diferentes planes de estudio, y cuyas existencias están matizadas por estilos de vida muy variados o poco saludables, al ingresar a la universidad los patrones de vida cambian debido a las cargas de trabajo pues hay que cumplir con las tareas encomendadas a costo de muchos sacrificios como es la alimentación y el descanso, derivado de la falta de adaptación y autocuidado del estudiante, le provoca manifestaciones que lo pueden llevar a desarrollar problemas crónicos.
La universidad presenta nuevos retos para los jóvenes. La vida en los dormitorios, comer en la cafetería y recibir clases en auditorios puede ocasionar una
sobrecarga sensorial diversos factores psicosociales para nuestros jóvenes que estudian fuera de las islas.