El poder de la palabra es tremendo. Aunque muchas personas digan que una imagen puede valer más, y en ciertos casos es verdad, no hay que olvidar que todo lo que sale de nuestra boca tiene un valor. Así, lo más pequeño e insignificante puede hacer un gran daño, dependiendo cuáles sean las circunstancias de la comunicación.
Las palabras encierran un poder que desconocemos, trabajan sobre nuestro cerebro constantemente enviándole información. Esta información genera en nosotros sentimientos, actitudes, pensamientos, etc., Que posteriormente se convierten en comportamientos, en nuestra manera de actuar y de interactuar con los demás. Si hablamos cosas positivas, es mayor la probabilidad de que sucedan cosas buenas; si hablamos cosas negativas, pues eso será lo que sucederá.