Hay un ‘trabajo invisible’ que hace que el mundo funcione. Es todo aquel que queda de puertas para adentro: limpiar, cocinar, cuidar de los hijos, los abuelos. La inmensa mayoría de las personas que lo ejercen son mujeres y lo hacen sin cobrar.
Este tipo de trabajo, llamado trabajo de cuidado o trabajo reproductivo, está en la raíz de muchas de las desigualdades de género. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres dedican a esta labor 3,2 veces más tiempo que los hombres, dejándolas con menos espacio para dedicarse a una vida profesional. Las consecuencias: mujeres más empobrecidas y con menos representación en los trabajos y cargos de poder.