Todos, en algún momento o etapa de nuestra vida, hemos sentido tristeza. En ocasiones, es imposible no sentirla, pues algunos eventos ambientales pueden causar (proceso de duelo, desamor, tener que cambiar de hogar, etc.).
Sin embargo, algunas veces la tristeza es causa de nuestra forma de pensar o nuestra manera de comportarnos, especialmente cuando ésta dura un largo periodo de tiempo.
La tristeza es una emoción que puede resultar desagradable, pero es inevitable y cumple una función. A pesar de ello, algunas personas ejercen tal resistencia a experimentar tristeza que terminan amplificando su sufrimiento. Hay quienes se enfadan consigo mismos por estar tristes, hay quienes se culpan por ello. Hemos olvidado que tenemos derecho a sentir, que todas nuestras emociones son válidas, y es precisamente esto lo que nos impide gestionarlas adecuadamente.
Permite que la tristeza sea. Por lo anterior, la primera pauta a seguir para afrontar los días tristes es aceptarlos, permitir que sean. Resistirnos a las emociones que surgen solo convierte el dolor natural en sufrimiento autoinfligido. Así, no trates desesperadamente de cambiar tu estado de ánimo, permítete sentir la tristeza. No importa si aparentemente todo en tu vida está bien, es irrelevante si los demás opinan que no tienes motivos de peso para sentirte triste. Siente sin culpa, es tu derecho.