“En el ámbito europeo, se ha definido el discurso de odio como el: “…fomento, promoción o instigación (…) del odio, la humillación o el menosprecio de una persona o grupo de personas, así como el acoso, descrédito, difusión de estereotipos negativos, estigmatización o amenaza con respecto a dicha persona o grupo de personas y la justificación de esas manifestaciones por razones de “raza” , color, ascendencia, origen nacional o étnico, edad, discapacidad, lengua, religión o creencias, sexo, género, identidad de género, orientación sexual y otras características o condición personales.”[1]
El discurso de odio hace referencia al mensaje difundido de manera oral, escrita, en soporte visual, papel o audio, en los medios de comunicación, que alimente conductas contra la dignidad e igualdad de derechos de las personas. “El discurso de odio contribuye a crear un clima general de intolerancia que genera consecuencias muy concretas para los grupos afectados y para la sociedad en general.