“Durante el proceso de colonización y esclavitud que perpetuaron los europeos sobre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, se pudo consolidar un lenguaje nativo, propio de la etnia raizal. Se trata del creole, un lenguaje que se construyó en medio de cultivos de algodón, donde británicos ejercían presión a los esclavos para extraer tan preciada materia prima, la cual fortaleció la industria textil en la revolución industrial de Inglaterra.
Antaño, esta lengua fue protagonista de pugnas, luchas culturales y disputas sobre el reconocimiento ancestral por parte del Estado. En la actualidad, todavía se debate sobre el uso del creole, que se presenta especialmente en el entorno educativo, con el fin de preservarlo como riqueza patrimonial.”[1]