Queremos salvar a los hijos, al esposo, a los padres, quisiéramos que no sufrieran y que vivieran como nosotros queremos. Amar a la familia es la mejor opción y quizá un pequeño consejo, entendiendo que cada uno tiene su propia búsqueda y que así tiene que ser.
Cuando nos liberamos de la responsabilidad de “salvar” a todos los que nos rodean, les permitimos desarrollarse y vivir sus propios procesos. Evitamos desgastarnos innecesariamente y aprendemos que lo único que podemos hacer por otros es amarlos.