“Desde un enfoque psicobiológico, la aceptación del hecho traumático es un fenómeno mental por el que se alcanza el convencimiento pleno sobre la realidad del suceso percibido, su significado y sus consecuencias. Pero esto no implica la conformidad con el mismo, ya que, por definición, el suceso traumático es perjudicial y no deseado.”[1]
Superar un trauma implica reconocer que un hecho específico ha destruido el estado de equilibrio y armonía que teníamos, que se ha producido un cambio o una alteración en las relaciones que manteníamos en el ámbito familiar, social o laboral, provocando todo ello un sentimiento de dolor y sufrimiento.