A lo largo de la historia, se identificó a los hombres como titulares de obligaciones y compromisos asociados a cumplir una función de proveedores del hogar, mientras que las mujeres eran las encargadas de las actividades domésticas tales como: cocinar, mantener limpio y en orden el hogar, atender a los hijos y/o familiares discapacitados o ancianos, etc.
En el año 1960 todo comienza a cambiar y las normas de promoción de la igualdad comenzaron a reflejar el reconocimiento de la igualdad en lo referente a compartir obligaciones familiares dentro del hogar tanto para hombres como para mujeres.