Las desconfiadas, por el contrario, suelen pensar que todas las personas que se acercan a ellos vienen con malas intenciones, lo que lleva a rechazar favores y adulaciones. Esto suele llevar a la persona a un estado de soledad y a un estilo de pensamiento pesimista.
Lo ideal es llegar a un equilibro, donde la persona no se entrega totalmente, pero tampoco desconfía del todo. Hay que darle el beneficio de la duda a las personas. Examina y aprende a ir con calma, pero sin irse a los extremos de cerrarse totalmente.
[1] Cómo encuentro el equilibrio entre la ingenuidad y la desconfianza. Tomado de: https://bit.ly/3M6aTgj