La actitud narcisista a veces se convierte en una auténtica pesadilla para quienes la sufren de manera directa. Es muy complicado lidiar con esa paradoja que está implícita en este tipo de personas. Ellos inflan su ego hasta un grado superlativo. Al mismo tiempo son frágiles y vulnerables como un niño. Bajo esa aparente supra valoración solo se esconden inseguridades y sentimientos de inferioridad.
Para el narcisista, todo comienza y termina en él. Le cuesta mucho desarrollar una empatía auténtica, aunque eso no quiere decir que sea totalmente indolente. Simplemente ve lo suyo como lo más importante y no logra ubicarse en una línea que lo equipare a los demás. Él se ve y se siente como alguien distinto.