Los trastornos alimenticios pueden ser difíciles de identificar al principio, porque muchas veces se esconden detrás de comportamientos que parecen inofensivos o incluso saludables. Pero hay señales que no debemos ignorar. Por ejemplo, si alguien de repente empieza a obsesionarse con contar calorías, evitar comidas o hacer ejercicio en exceso, podría ser un indicio de que algo no anda bien. Este tipo de conductas, cuando se vuelven extremas, pueden ser una señal de alerta.
Otra señal a tener en cuenta es cómo habla esa persona sobre su cuerpo y la comida. Si constantemente se queja de su peso, se mira al espejo con disgusto o se salta comidas diciendo que ya comió o que no tiene hambre, es momento de prestar atención. La relación con la comida y la imagen corporal es complicada, pero cuando se convierte en una fuente de angustia constante, es posible que haya un problema más profundo.