El cambio climático es un problema que nos está afectando a todos, aunque a veces no lo notemos tanto en nuestro día a día. Básicamente, es el resultado de que la temperatura del planeta está subiendo poco a poco. Llevamos años quemando combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón, que emiten gases de efecto invernadero. Estos gases atrapan el calor en la atmósfera, y esto altera el clima: hay más olas de calor, sequías más severas, y tormentas más fuertes.
Aquí es donde entran las energías renovables. Son las que vienen de fuentes naturales que no se agotan, como el sol, el viento o el agua. La gran ventaja es que no emiten gases contaminantes. La energía solar, por ejemplo, convierte los rayos del sol en electricidad, y la eólica aprovecha el viento para mover gigantescas turbinas. Así, podemos generar energía sin destruir el planeta. Cada vez más países están invirtiendo en estas tecnologías porque ya no se puede ignorar que necesitamos un cambio radical en la forma en que producimos y consumimos energía.