El deseo o apetito sexual no es una constante ni un estándar que deba medirse en comparación con otros. Aunque a menudo se piensa lo contrario, las comparaciones suelen ser el punto de partida del malestar. Referentes irreales, expectativas poco ajustadas, el momento vital y factores fisiológicos pueden activar una preocupación que, lejos de ayudar, intensifica la dificultad.
Uno de los errores más frecuentes es tomar como modelo la pornografía. La industria del porno muestra escenas irreales que, si no se interpretan críticamente, generan expectativas inalcanzables sobre el rendimiento, la frecuencia o la duración de las relaciones. El problema no es la fantasía en sí, sino creer que debe reproducirse tal cual, en la vida real, olvidando que cada persona y cada vínculo tienen su propio ritmo.
Desde la psicología, el apetito sexual se entiende como la orientación del deseo hacia el placer y la conexión, ya sea individual o compartida. No se limita a lo genital ni tiene como único fin la procreación; también cumple una función comunicativa, emocional y relacional. Reducir la sexualidad a lo biológico o normativo invisibiliza la diversidad de experiencias y formas de vivir el deseo.
La falta de libido, también llamada deseo sexual bajo, puede ser temporal o persistente y afectar a cualquier persona. Sus causas son múltiples: estrés, ansiedad, depresión, conflictos de pareja, expectativas irreales, cambios hormonales, enfermedades crónicas o efectos secundarios de algunos medicamentos. Cuando aparece, no solo impacta la vida íntima, sino también la autoestima y la relación de pareja, generando culpa, frustración o distanciamiento emocional.
Abordar la inapetencia sexual requiere una mirada integral. Comprender el propio momento vital, mejorar la comunicación, reducir la autoexigencia y atender tanto los factores psicológicos como los físicos es clave. En muchos casos, la orientación profesional —desde la terapia psicológica o sexual— ayuda a resignificar el deseo, aliviar la presión y recuperar una relación más amable con el propio cuerpo y el placer.