La adicción a las pantallas se ha convertido en un fenómeno psicológico relevante en la actualidad, especialmente en niños y adolescentes. No se trata únicamente de usar dispositivos tecnológicos con frecuencia, sino de un patrón de dependencia caracterizado por la pérdida de control, la necesidad constante de conexión y la aparición de malestar cuando no se tiene acceso a ellos. Este comportamiento se enmarca en las llamadas adicciones comportamentales, donde no existe una sustancia, sino una conducta repetitiva que afecta la vida diaria.
Desde la psicología, uno de los aspectos clave es la presencia de síntomas como la tolerancia (necesidad de usar más tiempo el dispositivo) y el síndrome de abstinencia, manifestado en ansiedad, irritabilidad o inquietud. Además, se observa una interferencia significativa en áreas importantes como el rendimiento académico, las relaciones familiares y el bienestar emocional.
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En la infancia, el impacto es aún más delicado. El uso excesivo de pantallas puede afectar el desarrollo cognitivo, emocional y social, generando dificultades de concentración, problemas de sueño y menor interacción con el entorno. Esto limita experiencias fundamentales como el juego, la comunicación y el aprendizaje social. Asimismo, la falta de acompañamiento adulto agrava el problema, evidenciando que no solo es un asunto de los niños, sino también de los hábitos familiares.
En adultos, la dependencia digital se expresa en conductas como revisar el celular de forma compulsiva, experimentar ansiedad al no responder mensajes o presentar fatiga mental. En Colombia, por ejemplo, más del 56% de las personas reconoce sentir la necesidad constante de revisar su celular sin motivo específico, lo que refleja un alto nivel de dependencia tecnológica.
Este fenómeno se explica, en parte, porque las plataformas digitales están diseñadas para captar la atención mediante recompensas inmediatas que activan la dopamina, reforzando el uso repetitivo. Sin embargo, también influyen factores emocionales como el estrés, la soledad o la necesidad de validación.
La prevención no implica prohibir el uso de la tecnología, sino enseñar un equilibrio saludable. Establecer límites, fomentar actividades fuera de lo digital y fortalecer las relaciones presenciales son estrategias fundamentales. En este sentido, el papel de la familia y la educación emocional resulta clave para promover un uso consciente y responsable de las pantallas.
En Familia | Orientación en Línea con la Dra. Julie Francis
Psicóloga titulada del Politécnico Grancolombiano, con formación en evaluación, diagnóstico e intervención psicológica, aplicados a diversos contextos como la salud mental, la educación y el ámbito organizacional; complementada con un Diplomado en Gestión del Talento Humano. Así mismo, posee habilidades en el manejo de herramientas terapéuticas y estrategias de apoyo para el bienestar emocional y mental. Profesional comprometida con el desarrollo personal y social, con enfoque en la ética y el respeto por la diversidad.
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