El infarto agudo de miocardio no solo es una emergencia médica; también es un fenómeno profundamente influido por factores psicológicos y sociales. Se produce cuando una parte del músculo cardíaco muere por falta de oxígeno debido a la obstrucción del flujo sanguíneo. Sin embargo, más allá de su definición clínica, su impacto revela la estrecha relación entre mente, comportamiento y salud física.
Desde la psicología, uno de los elementos más relevantes es la percepción de los síntomas. Aunque el dolor en el pecho es el signo más conocido, muchas personas experimentan manifestaciones atípicas como fatiga, náuseas o ansiedad intensa. Esta última, en particular, puede generar confusión, ya que se interpreta como un episodio emocional y no como una señal de alerta física. Esto retrasa la búsqueda de ayuda, aumentando el riesgo de complicaciones. En mujeres, adultos mayores y personas con diabetes, esta interpretación errónea es más frecuente, lo que evidencia cómo los factores cognitivos influyen en la toma de decisiones frente a la salud.
Asimismo, el estrés crónico juega un papel determinante. Vivir bajo presión constante, con altos niveles de ansiedad o desgaste emocional, contribuye al desarrollo de hipertensión, malos hábitos alimenticios y sedentarismo. Es decir, la mente no solo reacciona al infarto, sino que también puede facilitar su aparición. La salud mental deteriorada se convierte así en un factor de riesgo tan importante como los biológicos.
Las diferencias de género también tienen una dimensión psicológica y sociocultural. Muchas mujeres tienden a priorizar el cuidado de otros sobre su propio bienestar, minimizando sus síntomas. Además, existen creencias culturales que asocian el infarto principalmente con los hombres, lo que reduce la percepción de riesgo en ellas y retrasa la atención médica.
En Colombia, donde las enfermedades cardiovasculares representan una de las principales causas de muerte, incluso en población joven, es fundamental promover una prevención integral. Esto implica no solo cambios en la alimentación o el ejercicio, sino también el fortalecimiento de la salud emocional, el reconocimiento oportuno de los síntomas y la educación en primeros auxilios.
Comprender el infarto desde una perspectiva psicológica permite avanzar hacia una atención más humana y preventiva, donde cuidar la mente sea también una forma de proteger el corazón.
En Familia | Orientación en Línea con la Dra. Julie Francis
Psicóloga titulada del Politécnico Grancolombiano, con formación en evaluación, diagnóstico e intervención psicológica, aplicados a diversos contextos como la salud mental, la educación y el ámbito organizacional; complementada con un Diplomado en Gestión del Talento Humano. Así mismo, posee habilidades en el manejo de herramientas terapéuticas y estrategias de apoyo para el bienestar emocional y mental. Profesional comprometida con el desarrollo personal y social, con enfoque en la ética y el respeto por la diversidad.
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