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Heridas invisibles: El duelo de los hijos tras la pérdida de un progenitor

20 de mayo de 2026

El duelo por la muerte de un padre o una madre representa una de las experiencias emocionales más difíciles en la vida de un niño o adolescente. Desde la psicología, se entiende el duelo como una respuesta natural frente a una pérdida significativa; sin embargo, cuando ocurre en etapas tempranas del desarrollo, puede afectar profundamente la sensación de seguridad, estabilidad y confianza emocional.

Cada hijo vive este proceso de manera diferente según su edad y madurez emocional. En la primera infancia, los niños suelen tener dificultades para comprender que la muerte es definitiva. Por ello, pueden preguntar repetidamente cuándo regresará el progenitor fallecido, presentar ansiedad por separación o cambios repentinos en el comportamiento. En la niñez escolar, aparecen con mayor frecuencia sentimientos de culpa, miedo a perder al otro cuidador, tristeza o dificultades académicas. En la adolescencia, el duelo suele mezclarse con los cambios emocionales propios de esta etapa, generando aislamiento, enojo, rebeldía o la necesidad de aparentar fortaleza mientras internamente persiste un profundo dolor.

Los especialistas señalan que el duelo no ocurre de forma lineal. Existen momentos de aparente tranquilidad y otros donde la tristeza reaparece intensamente, especialmente en fechas importantes como cumpleaños, graduaciones o situaciones difíciles. Cuando este dolor no recibe acompañamiento emocional adecuado, pueden desarrollarse problemas como ansiedad, depresión, miedo al abandono o dificultades para establecer vínculos afectivos saludables en la adultez.

Además, muchas familias atraviesan procesos de sobreprotección tras la pérdida, especialmente cuando la muerte fue inesperada. Aunque estas conductas nacen del temor y el deseo de proteger, alterar excesivamente las rutinas o limitar la autonomía del niño puede dificultar su adaptación emocional.

La psicología y organismos como UNICEF resaltan la importancia de ofrecer espacios seguros donde los hijos puedan expresar tristeza, enojo o miedo sin sentirse juzgados. Escuchar, validar emociones y permitir que hablen del ser querido fallecido favorece una elaboración más saludable del duelo. El acompañamiento familiar, escolar y psicológico no elimina el dolor, pero sí ayuda a que las heridas emocionales no se conviertan en sufrimientos permanentes.

En Familia | Orientación en Línea con la Dra. Julie Francis

Psicóloga titulada del Politécnico Grancolombiano, con formación en evaluación, diagnóstico e intervención psicológica, aplicados a diversos contextos como la salud mental, la educación y el ámbito organizacional; complementada con un Diplomado en Gestión del Talento Humano. Así mismo, posee habilidades en el manejo de herramientas terapéuticas y estrategias de apoyo para el bienestar emocional y mental. Profesional comprometida con el desarrollo personal y social, con enfoque en la ética y el respeto por la diversidad.