Desde la psicología, es fundamental entender que los menores de edad no nacen delincuentes. La participación de niños y adolescentes en actividades ilícitas suele estar relacionada con factores de vulnerabilidad social, familiar y emocional que influyen en su desarrollo. Más que criminales, muchos son víctimas de contextos que limitan sus oportunidades y afectan su bienestar.
Diversas investigaciones señalan que crecer en ambientes marcados por la violencia intrafamiliar, la pobreza, el abandono emocional o la falta de referentes positivos puede aumentar el riesgo de que un menor busque pertenencia, reconocimiento o protección en grupos delincuenciales. Durante la adolescencia, etapa en la que aún se está desarrollando la capacidad para evaluar consecuencias y controlar impulsos, estas influencias pueden tener un impacto significativo.
Los grupos criminales suelen aprovechar estas necesidades emocionales ofreciendo dinero, poder o aceptación. Sin embargo, las consecuencias pueden ser profundas: ansiedad, depresión, estrés, dificultades para construir proyectos de vida y exposición constante a situaciones de riesgo. La afectación no solo es legal o social, sino también psicológica.
En Colombia, entidades como el ICBF, la Defensoría del Pueblo y UNICEF han advertido sobre la persistencia del reclutamiento y utilización de menores en actividades relacionadas con el microtráfico, los hurtos y otras formas de delincuencia. Esta realidad también genera preocupación en territorios como San Andrés, donde algunos adolescentes enfrentan desafíos asociados al desempleo juvenil, el consumo de sustancias y la falta de oportunidades educativas.
La prevención requiere un trabajo conjunto entre familias, escuelas, comunidades e instituciones. Un adolescente que se siente escuchado, acompañado y valorado desarrolla mayores recursos emocionales para enfrentar las presiones del entorno y tomar decisiones saludables.
Por ello, las estrategias más efectivas no se centran únicamente en el castigo, sino en la educación, la salud mental, el fortalecimiento familiar, el deporte, la cultura y la creación de oportunidades reales. Comprender las causas que llevan a un menor a involucrarse en conductas delictivas permite intervenir de manera más humana y efectiva, favoreciendo su rehabilitación y la construcción de un futuro más seguro para toda la sociedad.
En Familia | Orientación en Línea con la Dra. Julie Francis
Psicóloga titulada del Politécnico Grancolombiano, con formación en evaluación, diagnóstico e intervención psicológica, aplicados a diversos contextos como la salud mental, la educación y el ámbito organizacional; complementada con un Diplomado en Gestión del Talento Humano. Así mismo, posee habilidades en el manejo de herramientas terapéuticas y estrategias de apoyo para el bienestar emocional y mental. Profesional comprometida con el desarrollo personal y social, con enfoque en la ética y el respeto por la diversidad.
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