A menudo, como seres humanos, nos cuesta soltar y dejar ir personas, situaciones objetos, títulos, etc. Soltar significa en ciertos casos tener que desprendernos y reformular muchos de nuestros constructos psicológicos, tales como el ego, el rencor, o incluso el propio miedo a la soledad.
Cuando entendemos que soltar no es necesariamente un adiós, sino más bien un <<gracias>> por todo lo aprendido, se vuelve más fácil y más llevadero. Es dejar ir lo que no se sostiene por sí solo para permitirnos ser más libres y auténticos y recibir así lo que tenga que llegar.