Cuando atravesamos una ruptura amorosa es normal sentirnos tristes, deprimidos y sin ganas de hacer nada. Está bien sentirnos así, es parte del proceso de sanar y de aceptar que las cosas cambiaron y que ahora debemos continuar nuestro camino sin ese alguien a nuestro lado.
Es de valientes saber irse cuando la relación deja de ser recíproca y cuando los caminos dejan de unirse, para convertirse en dos o hasta en tres. La vida debe continuar y debes estar totalmente convencido de que hay puertas en las que es mejor no seguir insistiendo, sino que lo mejor es botar la llave y a veces, hasta cambiar el cerrojo.