Hablar de amor, discapacidad y relaciones de pareja también significa derribar creencias que pueden generar discriminación y limitar la autonomía de las personas. En San Andrés, Providencia y Santa Catalina, promover una mirada más inclusiva contribuye a construir relaciones basadas en el respeto y la igualdad.
Mitos que debemos dejar atrás
Uno de los principales mitos sostiene que una persona con discapacidad no puede tener pareja, casarse o formar una familia. La realidad es que la discapacidad no elimina estos derechos ni la posibilidad de establecer vínculos afectivos.
También es incorrecto pensar que amar significa hacerlo todo por la otra persona. El apoyo debe respetar sus capacidades y decisiones, favoreciendo siempre que sea posible su autonomía y participación.
Otro prejuicio consiste en creer que la discapacidad define completamente a alguien. Cada persona tiene experiencias, intereses, sueños y proyectos propios; su condición de discapacidad es solo una dimensión de su vida.
¿Cómo acompañar desde el amor?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca la importancia de contar con apoyos adecuados. Por eso, antes de ayudar es recomendable preguntar qué necesita la persona y cómo puede recibir apoyo.
Además, es fundamental respetar sus decisiones, mantener conversaciones sobre proyectos, emociones, familia e intimidad, y construir redes de apoyo familiares, comunitarias y sociales.
Una relación saludable no debe girar exclusivamente alrededor de la enfermedad o el cuidado. También necesita afecto, comunicación, autonomía, respeto y espacios para compartir.
Derribar estos mitos permite comprender que amar y acompañar no significa sustituir ni sobreproteger, sino caminar junto a la otra persona reconociendo plenamente sus derechos y dignidad.