En el mundo competitivo en el que nos movemos, es común pensar que si pedimos ayuda nos estamos condenando a devolver el favor o peor aún, que seremos vistos como personas débiles.
Aprender a reconocer nuestras limitaciones nos permite hacernos cargo de nosotros mismos, teniendo claro que no poseemos todas las respuestas, ni disponemos de toda la verdad, ni mucho menos somos capaces de vivir sin la ayuda de nadie.