Cuentan los abuelos que nuestra isla era muy segura. Dicen que se podía dormir con las puertas abiertas porque había valores y principios muy marcados en los habitantes. Las personas se respetaban unos a otros y no tenían problemas como los que vemos hoy, robos, atracos, homicidios, y tanta delincuencia.
En los tiempos de antaño, no solo podían dejar sus puertas abiertas, sino que podían caminar por donde quisieran, sin temor a ser asesinados o a pasar alguna línea invisible, como lo vemos hoy en día.
“Las fronteras invisibles son una delimitación territorial violenta y coercitiva a manos de diferentes actores armados de cualquier origen ideológico. Las fronteras invisibles no es un fenómeno nuevo, siempre ha estado presente en la configuración del territorio”. [1]