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Genética o crianza: ¿qué influye más en la conducta violenta?

13 de octubre de 2021

Imagen tomada de: https://bit.ly/3BYhIuK

La agresividad está presente cada día en nuestro entorno. La encontramos en las noticias, en las calles y en las redes. Parece ser una tendencia natural del ser humano, de manera que, en mayor o menor grado, anidaría en todos. Las conductas agresivas se dan en múltiples formas y hay teorías que resaltan su valor adaptativo para nuestra supervivencia como especie.

La psicología ha dedicado mucho tiempo y trabajo al estudio de las conductas agresivas, sus causas, los procesos y sus consecuencias. Existen conductas agresivas encubiertas o explícitas, directas o indirectas, de palabra o de acto, física, verbal, psicológica o relacional.

No parece existir una correlación directa entre genética y conductas agresivas. Más bien sería una interacción entre factores biológicos y ambientales la que nos haría más propensos a la agresividad. Por otro lado, pensamos que la agresión entre seres humanos está muy regulada socialmente.

En el peor de los casos, los genes podrían indicar una propensión a ser violentos; sin embargo, esto no quiere decir que necesaria, obligatoria o irremediablemente se esté condenado a ser violento. Ahora bien, las propensiones y predisposiciones conductuales indicadas por los genes son precisamente eso: propensiones y predisposiciones, pero nunca condenas o dictámenes invariables.

Aunque se ha avanzado considerablemente en el conocimiento de las contribuciones genéticas implicadas en la conducta agresiva, violenta y antisocial, así como en la interacción de los factores genéticos con los ambientales, en el momento actual no se conocen con exactitud los mecanismos exactos por los cuales los factores genéticos contribuyen a estas conductas. Probablemente, los aspectos genéticos influyen en los factores biológicos como los niveles hormonales y los neurotransmisores, entre otros, que a su vez afectan al comportamiento.