Es verdad que la relación es de dos, pero la familia influye mucho en las relaciones interpersonales, empezando con las opiniones y siguiendo por la aceptación y acogida que sienta dentro de determinado hogar.
A menudo, los padres no definen a sus hijos como personas libres capaces de elegir sus propios caminos, metas o a las personas a quien amar. Los ven más bien cómo proyectos personales sobre los que proyectar una serie de ideales. Así, cuando estos inician una relación de pareja, suele asomar la sombra de la decepción, el sonido incómodo de que hay algo que falla y, sobre todo, esa sombra alargada amenazando el proyecto familiar.
Si no estamos seguros del nivel de compromiso que existe, tampoco es posible tener una idea de los sacrificios u obstáculos que estamos dispuestos a enfrentar. Siguiendo esta senda, incluso la desaprobación de un completo desconocido hará tambalear nuestra relación.