La culpa es un sentimiento que parte de una comparación de lo que hemos hecho con lo que creemos que debíamos haber hecho según nuestros principios y valores. Cuanto más exigentes somos con nosotros mismos, mayor será la probabilidad de sentirnos culpables.
“La culpa proporcionada es la culpa por una acción, decisión u otra ofensa por la cual debes responsabilizarte y que podría haber afectado negativamente a los demás. Esta es la culpa sana que puede incitarte a corregir tus ofensas, crear una cohesión social y un sentido compartido de responsabilidad. Por otro lado, la culpa desproporcionada es la culpa a causa de cosas por las que no puedes responsabilizarte, como las acciones y el bienestar de los demás, y cosas que no puedes controlar, como los resultados de la mayoría de las situaciones.”[1]