Cualquier momento de crisis personal es una buena oportunidad para cambiar uno mismo. Es un momento en que tu vida se tambalea y comienzas a replantearte pensamientos y creencias que antes dabas por hecho por los ojos cerrados. Te cuestionas la necesidad de hacerlo porque no te ayuda a crecer, porque no te funciona o porque directamente no te gusta.
Todos cambiamos. No eres la misma persona que eras hace quince años, ni diez ni 5. Puede que ya no seas el mismo desde hace solo un año. Lo que vivimos y cómo lo experimentamos hace que vayamos cambiando. Pero como los cambios suelen ser muy poco a poco ni siquiera somos conscientes de ello. Lo malo es que no siempre cambiamos para mejor cuando no es una decisión consciente.
El cambio es algo habitual, nuestra personalidad no está grabada en piedra, sino que se erosionan algunos aspectos, se modelan otros con nuestras experiencias, trazando así, un relieve que varía a lo largo de nuestro ciclo vital.