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Miedos heredados por los padres o cuidadores

22 de Noviembre de 2021

Imagen tomada de: https://bit.ly/3pabany

Cuando tenemos un problema, una de las primeras cosas que hacemos es intentar averiguar de dónde viene, el origen, para tratar de encontrar las claves para solucionarlo.  Esta búsqueda, a veces, nos lleva a la generación anterior: “mi madre tenía la misma fobia”, “he heredado de mi padre su carácter pesimista”. Es necesario aclarar que los miedos, actitudes y emociones no se heredan pero tampoco es una coincidencia que los compartamos con nuestros progenitores: son aprendidos.

En ocasiones, nuestros padres o el entorno cercano nos transmiten una serie de temores con los que no llegamos al mundo cuando nacemos. Los miedos aprendidos no nos vienen de “fábrica”, es decir, no están integrados en ese registro cerebral heredado a través de nuestra evolución. hay temores que nos proyectan los demás, en especial nuestros progenitores. Existen angustias que vemos reflejadas en quienes nos rodean y que de un modo u otro quedan impresas en nosotros con la misma intensidad.

El ser humano, como el resto de organismos vivos, están “diseñados” para aprender de su entorno y sobrevivir. De este modo, y como ejemplo, si nuestro padre teme a los perros, aprenderemos desde bien temprano que estos animales son figuras de las que tal vez debamos protegernos.

No es nada fácil desprendernos de los miedos. No es como soltar un peso que uno lleva a la espalda. Así, estudios como los realizados en la universidad de columbia nos indican algo relevante. Los miedos aprendidos forman parte del registro cerebral, se trata de un tipo de aprendizaje social para el que estamos programados.

¿Cómo evitar que nuestros hijos hereden los miedos sociales? Muchas personas tienen temor a las serpientes, por ejemplo, pero quizá algún niño sienta curiosidad por ella, sin saber el peligro. En este sentido, somos los adultos quienes por precaución lo apartamos de ella y con horror le advertimos el riesgo; en este momento es posible que estemos transmitiendo un nuevo temor al pequeño.

En otros casos, los miedos son totalmente transmitidos socialmente por factores externos a la emoción individual; por ejemplo, temor a la criminalidad, a la inflación, o a la soltería. Al respecto, es posible que sin sentir una emoción genuina hacia esto, nos dejemos llevar por las opiniones ajenas y terminamos envueltos en cadenas de rumores que nos afectan y por ende también a nuestros hijos.