Frente a la vida siempre tendemos dos opciones respecto a lo que nos sucede: podemos reaccionar o podemos accionar. Nuestro cerebro puede tranquilamente reaccionar sin ningún tipo de filtro ni reflexión y es muy probable que, en vez de mejorar la situación, esta empeore.
Es lamentable que la mayoría de nuestras acciones resultan de la reacción y no de la acción reflexiva. Creo que en algún momento de la vida todos hemos estado en ambas situaciones, pero hay personas que aprenden de sus errores, mientras otras se acostumbran a ellos y ya se vuelve una forma “normal” de actuar”.