El hecho de añadir más y más velas al pastel de cumpleaños no son indicadores de que nuestra madurez aumente. Tampoco de tener un crecimiento emocional mayor o de haber ganado habilidad con aquellas cosas que nos hacen perder el equilibrio.
La mayoría tenemos una tendencia a castigarnos por los errores que cometemos, antes que felicitarnos por los logros que alcanzamos. Siendo muy duros con nosotros mismos (más que con cualquier otra persona) y centrándonos únicamente en los fracasos y no en los aciertos.
Esto puede deberse a la sociedad en la que vivimos o el siglo que nos ha tocado en suerte. solemos desmotivarnos rápidamente cuando algo no sale como esperábamos. No valoramos lo que hacemos bien. No contamos con la paciencia suficiente para seguir adelante y no prestamos atención a los pequeños cambios.
De vez en cuando vale la pena detenernos en el día a día para hacer una lista con todo aquello que hemos logrado. No para pecar de arrogantes, sino para darnos cuenta de cuánto hemos crecido emocionalmente.