En la crianza, es natural querer que los hijos respeten nuestras reglas y valores, pero ¿alguna vez se ha preguntado si lo ven con respeto o con miedo? Esta es una línea delgada que muchos padres cruzan sin darse cuenta, ya que a veces, en el afán de poner límites, se puede caer en el uso de tonos duros o castigos severos que, en lugar de construir una relación de respeto, terminan generando miedo. Los niños que sienten miedo pueden obedecer, sí, pero lo harán por temor a las consecuencias, no porque comprendan o compartan el valor de las normas que les imponen.
El respeto se construye desde el ejemplo y la comunicación abierta. Cuando los hijos los ven actuar de manera coherente y justa, y cuando se les permite que expresen sus opiniones y sentimientos sin miedo a ser juzgados. Los niños respetan a los padres que los escuchan y toman en cuenta sus necesidades, lo cual fortalece la confianza y les permite aprender a tomar decisiones por sí mismos.