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Anja Puentes Pankau: la voz que teje memoria y futuro en San Andrés

6 de marzo de 2026

Por: Jerry Gordon Nelson

En el corazón del Caribe colombiano, en la isla de San Andrés, emerge con fuerza la historia de Anja Puentes Pankau, una mujer que encarna el diálogo entre culturas, lenguas y generaciones. Intérprete de conferencias con formación en Alemania y más de 16 años de experiencia en escenarios internacionales, Anja ha decidido volver a sus raíces para sembrar futuro desde la memoria. Hija de madre alemana y padre raizal, su identidad es un puente vivo entre mundos, donde el kriol no solo es lengua, sino territorio emocional y político.

Su regreso a la isla no fue casual, sino profundamente intencionado. Así nace Priti Ai Hous, una casa cultural independiente que más que un espacio físico, es una declaración de amor a la identidad caribeña. Ubicada en San Luis, esta iniciativa surge como respuesta a la necesidad de crear lugares donde la comunidad pueda pensarse, escucharse y reconstruirse. “Es un hogar”, diría Anja, evocando el concepto de huom, donde convergen arte, pensamiento crítico y resistencia cultural en una atmósfera íntima y auténtica.

En Priti Ai Hous, cada detalle cuenta una historia. Desde los encuentros semanales Mek wi taak bout, donde la palabra se convierte en herramienta de reflexión colectiva, hasta su innovadora coctelería de autor, que rescata saberes ancestrales a través de infusiones botánicas y sabores locales. Aquí, lo estético no es superficial, sino profundamente político: cada bebida, cada conversación, cada rincón es una invitación a reconectar con las raíces y resignificar el presente desde la conciencia cultural.

Para Anja, preservar la cultura no es mirar al pasado con nostalgia, sino habitarlo activamente en el presente. Cree firmemente en el papel transformador de las mujeres en la isla, quienes cada vez ocupan más espacios de liderazgo y creación, aunque aún queda camino por recorrer en términos de reconocimiento y equidad. Su mensaje es claro: la emancipación también se construye día a día, desde lo cotidiano. Y su invitación a la comunidad es abierta y poderosa: volver al origen, crear con sentido y hacer del encuentro un acto de resistencia y celebración colectiva.