Los padres tienen la responsabilidad de guiar a sus hijos y de enseñarles modales, valores y principios, que les ayuden a reconocer sus límites y les permitan aprender, desde que son niños, la importancia de respetar la autoridad familiar.
Cuando los niños crecen sin autoridad, automáticamente ellos asumen ese papel y es ahí donde inician los conflictos no solo en casa, sino en cualquier entorno en el que esos niños se desenvuelven. Además, si los hijos no encuentran en casa esta figura de autoridad, la irán a buscar por fuera, corriendo así el riesgo de caer en malas compañías y sufriendo graves consecuencias.